
A pesar de lo que pueda de parecer, no he dejado de leer, no he dejado de ir a trabajar, no he dejado de preparar entrenamientos, de dirigir partidos, de escuchar
Pasajes de la Historia, de escuchar
La Rosa de los Vientos, el
Espacio en Blanco, de leer y escribir correos electrónicos, de opinar en blogs o de tomarme alguna cerveza, y no,
mamá, tampoco he dejado de dedicarle tiempo al Trabajo de Fin de Carrera. Lo que mayormente he dejado de hacer ha sido el actualizar mis blogs, por algún sitio se tenía que romper la cuerda,
Einstein se equivocaba, el tiempo no es relativo, siempre se queda corto.
Como todos los años, la mayoría nos solemos cargar de buenos propósitos, he dejado de ser excesivamente ambicioso al respecto y mis propósitos de cada año nuevo son asequibles, uno de los míos fue el de leer, al menos, tres libros al mes y comentarlos en el blog. Bien, parece que ya llevo un retraso en los comentarios notable, no así en las lecturas (aunque también hay retraso).
El libro del que hoy voy a hablar me lo dejó un
jugador mío tratando de
sobornarme para ganar minutos de juego y,
echaros a temblar, también me dejó el de
Pynchon que
fui incapaz de terminar.
Para muchos, este es un libro clave en la obra de
Jack Kerouac, escritor perteneciente a lo que se denominó
Generación Beat.

Lo más llamativo del mismo es que es una autobiografía de un periodo de la vida del autor pero narrada como si se tratara de personajes ficticios, siendo perfectamente identificables a personajes reales incluidos el propio autor (narrador de la novela en primera persona bajo el nombre de
Ray Smith), el poeta
Gary Snyder aparece como
Japhy Ryder y algunos otros. Lo siguiente que me llamó la atención fue que, dada la condición de poeta del autor, su prosa es muy particular, dotada de una poesía intrínseca, en especial cuando habla de temas budistas, del sentido del universo o de la naturaleza. El libro es muy ágil de leer, no en vano lo escribió en pocos días, creo que en diecisiete.
Me atrevo a decir que es un libro de viajes, uno exterior, descubriendo las montañas y la vida en armonía con la naturaleza y otro interior, descubriendo la religión budista, la filosofía
Zen, la meditación y la cultura oriental.
Es un libro bello que, en la actualizad, a pesar de la gran fama que tiene,
me parece que se queda bastante lejos de lo que el Budismo es en realidad. Mirando con la perspectiva de haber pasado cincuenta años, me parece que tanto
Kerouac como los demás no tenían muy claro hacia dónde se dirigían y que, al fin y al cabo, sólo eran unos
hippies de treinta años, con bellos pensamientos, que se dejaban llevar por el alcohol, las orgías y el amor libre, las filosofías orientales, la meditación y una amalgama de ideas mezcladas con la que pretendían mejorar el mundo.
Posiblemente sea demasiado duro, y más reconociendo que no conozco aquella época ni qué significó la Generación
Beat en realidad. Hay que reconocerles el mérito de interesarse por esos temas en una época en la que los Estados Unidos eran muy tradicionales, abrieron camino y fueron
influentes en o que sucedió después (los viajes de los
Beatles a la India, etc.).
El libro es recomendable como documento y a quién le interese la época pero no me ha parecido una obra de arte, seguro que me equivoco porque en la totalidad de sitios que ha visitado lo consideran como tal. Debe ser que después de leer a
Ramiro Calle, cualquier libro que verse sobre el Budismo me da la sensación de que no está escrito con conocimiento de causa.